sábado, 10 de septiembre de 2016

Anoche en las trincheras.

Simplement, llegiu, escolteu...
...i que cadascú trague les seves pròpies conclusions.



“Caminando por el bosque en el suelo vi que había
una carta ensangrentada de cuarenta años hacía.
Era de un paracaidista de la octava compañía
que a su madre le escribía y la carta así decía.

Madre anoche en la trinchera entre el fuego y la metralla,
vi al enemigo correr la noche estaba estrellada.
Apunté con mi fusil al tiempo que disparaba
y una luz iluminó el rostro que yo mataba.

Clavó su mirada en mí con los ojos ya vacíos.
Madre, ¿sabe a quién maté? ¿a qué soldado enemigo?.
Era mi amigo José compañero de la escuela
con quien tanto yo jugué a soldados y trincheras.

Hoy el juego era verdad y a mi amigo ya lo entierran.
Madre yo quiero morir ya estoy harto de esta guerra.
Madre si vuelvo a escribirte tal vez sea desde el cielo,
donde encontraré a José y jugaremos de nuevo.
Dos claveles en el agua nunca pueden marchitarse,
dos amigos que se quieren nunca pueden olvidarse.
Si mi cuerpo fuera pluma y mi corazón tintero,
con la sangre de mis venas yo te escribiría te quiero”.